
Detrás de la adopción de sus hijos había todo un misterio e irregularidades que años después salieron a la luz. Así lo cuenta Pablo Llonto en la biografía no autorizada de la directora de Clarín.
Durante largos años las abuelas de plaza de Mayo buscan y encuentran nietos de los desaparecidos durante la oscura y nefasta dictadura militar donde miles de niños pequeños y nonatos fueron secuestrados para darlos a otras familias porque los padres de aquellos chicos eran montoneros o subversivos.
Una de las mujeres más poderosas de Argentina, Ernestina Herrera de Noble, la directora del multimedia Clarín, adoptó a una parejita de niños en 1976 alegando que los había encontrado en la puerta de su domicilio en una caja de cartón. A partir de varias sospechas de que los chicos fueran hijos de desaparecidos, entraron en escena las Abuelas de Plaza de Mayo para que los (ya adultos) hijos se hagan un análisis de sangre para corroborar que los mismos son sus nietos.
En su libro, La noble Ernestina, el abogado y ex redactor de Clarín, Pablo Llonto narró como fue que la empresaria adquirió la tutela de los chicos y que para ello hay una trama secreta. En el mismo el autor cuenta que la piti, como la llamaban cariñosamente, a Herrera, falsificó documentos para tenerlos y que amenazó con despedir a sus trabajadores si no callaban lo que guardaban debajo de la alfombra.
Pero ¿por qué quería hijos en ese momento oscuro? ¿Por qué la noble quería si o si una parejita de hijos? ¿Por qué no los tuvo con su marido? ¿Por que no los adoptó de buena fe? Después de que su marido, Roberto Noble falleció por una enfermedad, la directora quería tener hijos pero en realidad no porque tuviera amor maternal para dar sino porque su marido tuvo una hija, Guadalupe Noble, fruto del amor entre el dueño del Gran diario argentino y su ex esposa, Guadalupe Zapata.
Ernestina Herrera de Noble no quería perder el imperio Clarín después de que muriera su amado marido por lo que deseaba tener descendencia lo más rápido posible. Por recomendación de uno de sus abogados de que adoptara una niña y un niño, ella confió y a los pocos días le facilitaron las cosas para que tuviera a sus “hijos”, Marcela y Felipe. Es claro que ella quería dejar, el día de mañana, el diario en manos de personas de su confianza y no a una chica que es hija de otra.
Esto se refleja muy bien en la biografía no autorizada de Llonto: “(…) Tenía muy claro que en algo no debía distraerse: Clarín debía ser para ella. Era un diario que valía 47 millones de pesos ley en 1969 y una máquina de fabricar dinero. Quedaría para la disputa final tres mujeres: la pequeña lupita, que por entonces vivía con ellos en la estancia y que se sacaría de encima a la semana de la muerte de Noble, la mamá de Lupita, y ella”.[1]
Luego de que la directora ganara la batalla contra la hija de Noble por la herencia del diario, no quiso pagar los honorarios a Jaján por su extensa investigación a la primera mujer de Noble, por lo que salió, en 1995, a denunciarla ante el juez Marquevich, Ana Feldmann de Jaján por sustracción y ocultamiento de menores. La denuncia agregaba el delito de supresión de identidad.
A raíz de las investigaciones recién en diciembre de 2002 la millonaria fue detenida por los delitos de supresión de estado civil, retención y ocultamiento de menores y falsificación de documento público, a través de una orden dictada por el entonces juez federal Roberto Marquevich base a una denuncia realizada por la organización de derechos humanos Abuelas de Plaza de Mayo.
La gran presión del Grupo Clarín hizo que el juez de San Isidro fuera inmediatamente destituido y que la empresaria quedara en libertad. Sin embargo, en la investigación se acreditaron numerosas irregularidades en la adopción de los niños. La causa penal prosigue, “cada una de las pequeñas historias oficiales se derrumbaron (…). El chofer no sabía de lo que le hablaban, la vecina aseguraba que no era vecina y los informes del registro de las personas afirmaban que ella no había vivido, en 1976 en la calle Laprida sino en la Avenida del Libertador. Los documentos y los expedientes de la adopción eran un gruyer lleno de gusanos”[2].
Años más tarde, en el marco de la detención de la viuda de Noble, Ana Feldmann de Jaján, reveló que nunca había recibido apoyo ni participaron de las Abuelas de Plaza de Mayo."Cuando me acerqué a la presidente, Estela Carlotto, me dijo que no podía ocuparse del caso porque no podía arriesgar su carrera al incursionar en un tema tan delicado en contra de la señora de Noble, y me dijo que me dirija a la subsecretaria de Derechos Humanos, Alicia Pierini.", aseguró Feldmann, quien agregó que la funcionaria, "repitió textualmente lo dicho por Carlotto".[3]
Es tan claro como el agua que Noble aprovechó su alianza con la dictadura para hacer los trámites de los chicos y quedárselos, porque sabía que mientras el diario este del lado del gobierno nadie sabría lo que hizo, “llevaba años cometiendo el más grave error de su vida: creer que nunca se sabría la verdad”. [4]
El análisis y los datos que aportó Llonto son reveladores y muy precisos ya que, al intervenir en la sección política y ser delegado gremial, tuvo acceso a gran cantidad de fuentes que conocieron circunstancias de la adopción cuestionada, con todos esos suculentos datos, años después, cuando fue despedido, dio a conocer la trama secreta de la directora con fotos de los supuestos papás de Marcela y Felipe junto con las partidas de nacimientos adulteradas.
Ernestina Herrera de Noble sigue peleando contra el gobierno K y las abuelas que en los últimos tiempos tuvieron una gran relevancia por la nueva ley de ADN obligatoria, mientras tanto Marcela y Felipe continúan con su ideología de continuar con su madre adoptiva y defenderla, porque saben que cuando la piti ya no este presente en este mundo, tendrán todo un imperio para dirigir y seguir con la buena vida.
[1] Páginas 64 y 65 del libro.
[2] Página 41 del libro.
[3]Entrevista del Periódico electrónico Urgente 24.
[4] Página 59 del libro
Durante largos años las abuelas de plaza de Mayo buscan y encuentran nietos de los desaparecidos durante la oscura y nefasta dictadura militar donde miles de niños pequeños y nonatos fueron secuestrados para darlos a otras familias porque los padres de aquellos chicos eran montoneros o subversivos.
Una de las mujeres más poderosas de Argentina, Ernestina Herrera de Noble, la directora del multimedia Clarín, adoptó a una parejita de niños en 1976 alegando que los había encontrado en la puerta de su domicilio en una caja de cartón. A partir de varias sospechas de que los chicos fueran hijos de desaparecidos, entraron en escena las Abuelas de Plaza de Mayo para que los (ya adultos) hijos se hagan un análisis de sangre para corroborar que los mismos son sus nietos.
En su libro, La noble Ernestina, el abogado y ex redactor de Clarín, Pablo Llonto narró como fue que la empresaria adquirió la tutela de los chicos y que para ello hay una trama secreta. En el mismo el autor cuenta que la piti, como la llamaban cariñosamente, a Herrera, falsificó documentos para tenerlos y que amenazó con despedir a sus trabajadores si no callaban lo que guardaban debajo de la alfombra.
Pero ¿por qué quería hijos en ese momento oscuro? ¿Por qué la noble quería si o si una parejita de hijos? ¿Por qué no los tuvo con su marido? ¿Por que no los adoptó de buena fe? Después de que su marido, Roberto Noble falleció por una enfermedad, la directora quería tener hijos pero en realidad no porque tuviera amor maternal para dar sino porque su marido tuvo una hija, Guadalupe Noble, fruto del amor entre el dueño del Gran diario argentino y su ex esposa, Guadalupe Zapata.
Ernestina Herrera de Noble no quería perder el imperio Clarín después de que muriera su amado marido por lo que deseaba tener descendencia lo más rápido posible. Por recomendación de uno de sus abogados de que adoptara una niña y un niño, ella confió y a los pocos días le facilitaron las cosas para que tuviera a sus “hijos”, Marcela y Felipe. Es claro que ella quería dejar, el día de mañana, el diario en manos de personas de su confianza y no a una chica que es hija de otra.
Esto se refleja muy bien en la biografía no autorizada de Llonto: “(…) Tenía muy claro que en algo no debía distraerse: Clarín debía ser para ella. Era un diario que valía 47 millones de pesos ley en 1969 y una máquina de fabricar dinero. Quedaría para la disputa final tres mujeres: la pequeña lupita, que por entonces vivía con ellos en la estancia y que se sacaría de encima a la semana de la muerte de Noble, la mamá de Lupita, y ella”.[1]

Luego de que la directora ganara la batalla contra la hija de Noble por la herencia del diario, no quiso pagar los honorarios a Jaján por su extensa investigación a la primera mujer de Noble, por lo que salió, en 1995, a denunciarla ante el juez Marquevich, Ana Feldmann de Jaján por sustracción y ocultamiento de menores. La denuncia agregaba el delito de supresión de identidad.
A raíz de las investigaciones recién en diciembre de 2002 la millonaria fue detenida por los delitos de supresión de estado civil, retención y ocultamiento de menores y falsificación de documento público, a través de una orden dictada por el entonces juez federal Roberto Marquevich base a una denuncia realizada por la organización de derechos humanos Abuelas de Plaza de Mayo.
La gran presión del Grupo Clarín hizo que el juez de San Isidro fuera inmediatamente destituido y que la empresaria quedara en libertad. Sin embargo, en la investigación se acreditaron numerosas irregularidades en la adopción de los niños. La causa penal prosigue, “cada una de las pequeñas historias oficiales se derrumbaron (…). El chofer no sabía de lo que le hablaban, la vecina aseguraba que no era vecina y los informes del registro de las personas afirmaban que ella no había vivido, en 1976 en la calle Laprida sino en la Avenida del Libertador. Los documentos y los expedientes de la adopción eran un gruyer lleno de gusanos”[2].
Años más tarde, en el marco de la detención de la viuda de Noble, Ana Feldmann de Jaján, reveló que nunca había recibido apoyo ni participaron de las Abuelas de Plaza de Mayo."Cuando me acerqué a la presidente, Estela Carlotto, me dijo que no podía ocuparse del caso porque no podía arriesgar su carrera al incursionar en un tema tan delicado en contra de la señora de Noble, y me dijo que me dirija a la subsecretaria de Derechos Humanos, Alicia Pierini.", aseguró Feldmann, quien agregó que la funcionaria, "repitió textualmente lo dicho por Carlotto".[3]

Es tan claro como el agua que Noble aprovechó su alianza con la dictadura para hacer los trámites de los chicos y quedárselos, porque sabía que mientras el diario este del lado del gobierno nadie sabría lo que hizo, “llevaba años cometiendo el más grave error de su vida: creer que nunca se sabría la verdad”. [4]
El análisis y los datos que aportó Llonto son reveladores y muy precisos ya que, al intervenir en la sección política y ser delegado gremial, tuvo acceso a gran cantidad de fuentes que conocieron circunstancias de la adopción cuestionada, con todos esos suculentos datos, años después, cuando fue despedido, dio a conocer la trama secreta de la directora con fotos de los supuestos papás de Marcela y Felipe junto con las partidas de nacimientos adulteradas.
Ernestina Herrera de Noble sigue peleando contra el gobierno K y las abuelas que en los últimos tiempos tuvieron una gran relevancia por la nueva ley de ADN obligatoria, mientras tanto Marcela y Felipe continúan con su ideología de continuar con su madre adoptiva y defenderla, porque saben que cuando la piti ya no este presente en este mundo, tendrán todo un imperio para dirigir y seguir con la buena vida.
[1] Páginas 64 y 65 del libro.
[2] Página 41 del libro.
[3]Entrevista del Periódico electrónico Urgente 24.
[4] Página 59 del libro












